Tecla Tofano dice presente en la Bienal de Venecia 2022

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Tecla Tofano
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En el mundo antiguo de la cultura grecromana, el secreto para vencer a la muerte era vivir una vida memorable. Generalmente, se hacía referencia a guerreros increíbles como los de la epopeya homérica, quienes alcanzaban la inmortalidad por sus hazañas en combate. No es esta una idea exclusiva del acervo cultural grecolatino, porque con sus variantes esta visión se repite en distintas zonas geográficas, tiempos históricos y pueblos lejanos.

Por ejemplo, el célebre escritor colombiano, Gabriel García Márquez, realizó una genial descripción de la importancia que tiene la capacidad de recordar para los seres humanos. De hecho, el Nobel de Literatura le dedicó pasajes alucinantes al carácter esencial de la memoria, al narrar cómo los habitantes de Macondo tenían la necesidad de anotar el nombre de todas las cosas, porque al final… Todo se olvidaba. Y a fin de cuentas el olvido es una forma amarga de morir. Quizás sea la peor de todas las muertes.

El prócer, poeta y genial cronista cubano, José Martí, también lo expresó a su manera: «La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida».

Vida memorable

Entonces vivir una vida digna de recordación, al menos para el núcleo familiar más cercano y tener la habilidad de poder expresar tu mundo interior, son dos privilegios que no todos tienen la fortuna de alcanzar. Dos pulsiones vitales que la creadora venezolana, Tecla Tofano, cubrió con creces, no sólo al interior de su círculo más íntimo, sino en su país e incluso a escala internacional.

El talento creativo de Tecla y la fuerza expresiva de sus piezas, han logrado el milagro de vencer a la muerte, tanto existencial como espiritual. De otro modo cómo explicar que 35 años después de su retiro de los hornos y a 27 de su fallecimiento, la obra artística de Tecla no sólo sigue dando que hablar, sino que además continúa cosechando reconocimiento y admiración en los espacios más selectos del arte mundial.

La Mujer en la Historia, 1975 (Expuesta en la Bienal de Venecia 2022)

Pero tal vez, y esto es lo que más emociona, sigue causando asombro entre los integrantes de su seno familiar, algo que para Tecla siempre fue sagrado. Hace poco, como su primer nieto, reflexionaba: qué hubiera podido pensar ella (Tecla), ante el asombro de su bisnieta Renata, quien con la inocencia característica de una niña de 8 años, le preguntaba a su abuela paterna que: ¿Cómo era posible que su bisabuela se preparara para participar en la Bienal de Venecia 2022? “Abuela pero como puede hacerlo si ya está muerta, preguntaba Renata con ojos de asombro”.

Obviamente, no fue necesario explicarle a Renatica, que su bisabuela fue una gran artista plástica y que su obra trascendió su tiempo y su época. A ella le bastó con usar su imaginación y soñar con ese mundo infantil dónde todas las cosas son posibles.

Tecla sonando

En el mundo de los adultos la explicación puede resultar un poco más sencilla: Tecla Tofano participa en la 59 edición del evento más importante de las artes. Las obras seleccionadas, estuvieron bajo la curaduría de Cecilia Alemani, quien escogió un conjunto de siete piezas agrupadas con el nombre de “Personajes Híbridos”.

Como se señala en una reseña de Vencerámicas, se hace justicia a la obra de: «Tofano, gran creadora venezolana cuyo legado, honesto, polémico y universal mantiene absoluta vigencia al confrontar las desigualdades sociales, identitarias y  de género que atraviesa el mundo actual».

Hábitat Dragón, 1967 (Expuesta en la Bienal de Venecia 2022)

Antes de ser distinguida con el privilegio de ver su obra en la 59 edición de la Bienal de Venecia, Tecla tuvo participación destacada en dos eventos recientes de gran relevancia. Del 4 de junio al 30 de septiembre de 2017, algunas de sus piezas fueron seleccionadas como parte de la exposición colectiva Íconos: Cerámica Emblemática Venezolana, una muestra organizada por la Sala Mendoza para rendir homenaje a 60 artistas considerados indispensables para el desarrollo de las artes del fuego en el país.

Piezas de tecla Tofano en la Exposición Íconos, Sala Mendoza 2017.

En aquella exhibición compartió los espacios de la Sala Mendoza con renombrados artistas como Cristina Merchán, María Luisa Zuloaga, el matrimonio Palacios y Seka Severin, entre muchos otros.

En esa oportunidad, las piezas seleccionadas por el curador de la muestra Luis Felipe Farías fueron: Vasija con manos (1969), de la serie Los Enlatados (1973); Objeto y sujeto, de la serie Esa Munda Macha; Objeto-Recompensa (1975), de la serie De Género Femenino; y Sra. Gloriosa de Virtud (1976), de la Serie Las Señoras.

Vasija con Manos, 1969. (Expuesta en la Bienal de Venecia 2022)
Mujeres radicales

Ese mismo año, la obra de Tecla fue seleccionada pero esta vez para un proyecto de alcance internacional. Hablamos de la exhibición Radical Women: Latin American Art, 1960-1985, iniciativa del Hammer Museum de Los Ángeles, que además viajó al Museo de Brooklyn de Nueva York y a la Pinacoteca de Sao Paulo en Brasil.

En esta iniciativa a cargo de las curadoras Cecilia Fajardo-Hill y Andrea Giunta, se realizó la primera genealogía de prácticas artísticas radicales y feministas entre 1960 y 1985. Ello hizo posible el rescate, la reinterpretación y vigencia de obras con: «innegable valor histórico, en su mayoría desconocidas y puestas a dialogar en esta exhibición”.

Resulta de vital importancia destacar que el período de la muestra, 1960-1985, ha permitido visibilizar la contribución de estas artistas a “la creación de los lenguajes y tópicos que entendemos hoy como arte contemporáneo”, y que habían sido excluidas de los relatos de la historia del arte.
Personaje Psicológico, Serie Los Enlatados, 1969.
Carrera llena de logros

En vida puede decirse que Tecla lo logró casi todo, desde el punto de vista artístico. Entre los años 1956 y 1989 realizó más de 40 exposiciones, entre personales y colectivas. Su obra fue exhibida en diversos espacios, desde el Museo de Bellas Artes, hasta la Galería Mendoza en Venezuela. Igualmente, recorrió destinos internacionales como Praga, Buenos Aires, Washington, Nueva York e Inglaterra.

En 1958 fue reconocida con el Premio Nacional de Artes Aplicadas Salón Anual de Bellas Artes, máximo galardón entonces otorgado en el país a los creadores de las artes del fuego. También obtuvo medallas de oro y plata, respectivamente, por su participación en exposiciones colectivas en Buenos Aires (I Exposición Internacional de Arte) y Praga (Exposition Internationale de la Ceramique Contemporaine), ambas en 1962.

Sus inicios en la cerámica se dieron de la mano del maestro Miguel Arroyo. Para esa época (años 50 del pasado siglo XX), Tecla aún no dominaba bien el idioma español. Sin embargo, cuenta que la facilidad expresiva de Arroyo y su amor al oficio docente ceramístico derrumbaba cualquier barrera idiomática.

Tecla Tofano en su taller, (Arriba a la izquierda, aparece la imagen de su único hijo varón: el también destacado artista plástico y arquitecto, Daniel Córdova Tofano, fallecido en 2010)

«No se me hacía muy necesario saber mucho el idioma español en ese aprendizaje de artesanía, donde más necesario que el habla era la voluntad de aprender un oficio, en el cual, las manos, el cuerpo y el espíritu eran los más activamente importantes. (…) Menos todavía me hizo falta conocer bien el español, en las clases impartidas por Miguel Arroyo, porque en la enseñanza del torno, los gestos de sus manos eran más elocuentes que sus palabras. En el existía una fuerza dinámica de transmisión para la enseñanza de la cerámica, por lo cual no hacía falta conocer idioma», expresaba la propia Tecla en uno de sus escritos.

Bacalao al Limón, 1973
Amor a primera vista

Su pasión por la cerámica fue amor a primera vista. «Me gustaba, me interesaba y me satisfacía. Sensualidad, actividad física, creación, distracción mental, curiosidad, paciencia y tantos otros sentimientos y sensaciones que encierra el arte de la cerámica».

También explicaba que su incursión en las artes del fuego fue una manera de unirse más a una nueva tierra que le abría las puertas como su hija. En esos primeros pasos contó con la ayuda invaluable de un amigo entrañable como el reconocido artista Alejandro Otero y de Sarita Mendoza.

Sus tiempos como aprendiz en la Escuela de Artes Plásticas y Artes Aplicadas de Caracas (1954) trascurrieron entre la camaradería y la preocupación por sacar el máximo provecho. No abundaban los recursos y la dependencia de materiales importados, obligaba a aguzar el ingenio y la solidaridad.

«Con pequeñas recolectas entre todos, comprábamos arcilla y kerosene, cuando faltaban. Torneábamos, quemábamos, comíamos y tomábamos café juntos en un único interés y esfuerzo», explicaba.

Etapas

Tofano fue una alumna aventajada, que rápidamente aprendió el oficio y desarrolló una personalidad propia. Al comienzo sus piezas tenían un sentido fundamentalmente utilitario. Sin embargo, como explica el curador Farías:

«Tecla Tofano, cuyos inicios asociados a formas clásicas conectadas con lo tradicional y artesanal anticipaba una personalidad que desarrollaría a partir de 1964 con un viraje hacia piezas expresivas y contestatarias, ubicando su obra madura dentro de un ámbito polémico y conceptual”.

Y fue literalmente así. La obra de su etapa de madurez artística ponía el dedo en la llaga rebelándose contra la injusticia social, el machismo, la desigualdad de género y muchos tabúes de su época. Algo que rompía esquemas en una sociedad venezolana que aún hoy día sigue siendo bastante conservadora.

Tecla irrumpió con una propuesta radical. No daba concesiones. Ello le valió muchos seguidores, pero también enconados enemigos y ácidos críticos.

«El resultado de mi trabajo viene dictado por una gran necesidad de decir cosas, hablar con todos, hablar de todo… si barroco, si abigarrado, si poco agradable a la vista, si chocante en algunas ocasiones, es porque lo que busco decir no es bonito», afirmaba Tecla en 1964, según advirtió el lúcido análisis de la crítico Marta Traba al celebrar sus logros, en el ensayo Ars Política de Tecla Tofano del libro Mirar en Caracas, publicado en 1974.

Decir, 1974
Ostracismo

Luego de una curva ascendente, su etapa de madurez artística cede el paso a un declive en términos de producción. Esto fue así hasta su definitivo retiro de los hornos, finalizando la década de los setenta. Según ella misma expresaba con polémicas declaraciones, el medio o soporte de sus creaciones ya no le daba para expresarse. Sintió que dijo todo lo que tenía que decir y tampoco quiso incursionar en otro soporte, como por ejemplo la escultura.

Quizás para esta difícil decisión, que seguramente le ha de haber resultado dolorosa, pesaron las desazones y sinsabores de una vida personal compleja. La trágica muerte de su hija Lucía Córdova Tofano, los divorcios con Armando Córdova y Alfredo Chacón; y su estilo comunicacional excesivamente cáustico y directo la irían relegando a una especie de ostracismo que aumentaba año tras año.

Pionera

En esa etapa se refugió en su faceta como madre, abuela y polémica articulista del diario El Nacional, donde mantuvo una columna por décadas. Desde allí Tecla Tofano abría fuegos contra el machismo y pugnaba por las reivindicaciones de la mujer y de las minorías excluidas como los homosexuales.

Tecla Tofano fue una de las pioneras del movimiento feminista venezolano y activista del Movimiento al Socialismo (MAS). Desde esa plataforma política libró varias luchas de la mano de otra amiga entrañable como Argelia Laya.

Coito, 1974

A pesar de tantos reconocimientos alcanzados, siempre se caracterizó por ser una persona humilde. Jamás pecó de arrogancia u ostentación; al contrario, en su vida cotidiana siempre destacó como mujer solidaria, trabajadora, ahorrativa hasta el extremo y sencilla.

En ciertos espacios de su propio país no se le ha dado el justo valor que su obra merece; y probablemente se le haya tratado con mezquindad. Sin embargo, la participación de Tecla Tofano en la 59 edición de la Bienal de Venecia, confirma su mérito y condición de artista visionaria. Una adelantada a su época, que logró expresar con genialidad las turbulencias de su mundo interior. Con su mensaje cuestionó contundentemente las injusticias y desigualdades de su tiempo.

Comunicación, 1975

Este logro de Tecla Tofano además de un merecido reconocimiento a su obra es también un espaldarazo al arte cerámico venezolano; al arte en general y a la voz femenina universal.

 

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