El Mundial 2026 llegará a la Argentina con una novedad que rompe una tradición de más de medio siglo: la TV Pública no transmitirá la Copa del Mundo. Por primera vez desde 1974, millones de argentinos no tendrán garantizado el acceso gratuito al torneo más importante del planeta, luego de la decisión del gobierno de Javier Milei de no adquirir los derechos de transmisión.
La medida, presentada por el Ejecutivo como parte de su política de ajuste y reducción del gasto estatal, implica el retiro del Estado de uno de los eventos deportivos de mayor impacto social. Según trascendió, el Gobierno decidió no pagar el costo de los derechos —estimado en unos siete millones de dólares— bajo el argumento de que esos recursos no deben destinarse a la transmisión de fútbol.
Este año, por primera vez, la TV Pública no transmitió la ceremonia inaugural del Mundial y solo emitirá 10 encuentros, incluidos los de Argentina, de todo el torneo que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá.
Vaciamiento y avance privatizador
En este contexto, cuatro gremios de prensa denunciaron este lunes el conflicto salarial que mantiene los sueldos congelados por 24 meses. “Si el canal está al aire, es solo por el profesionalismo de nuestros compañeros y compañeras que hacen todo a pesar del vaciamiento estructural, la destrucción del equipamiento y la falta de inversión. Encima de todo eso, privatizan la pantalla y hacen negocios”, denunció Agustín Lecchi, secretario general del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA).
“Al mando de Adorni (en el medio del escándalo por enriquecimiento ilícito) y la intervención de RTA, por primera vez en la historia, serán privados quienes se queden con las transmisiones y el dinero de la emisión de los partidos del Mundial”, afirmaron dirigentes sindicales del sector unas horas antes del debut entre Argentina y Argelia.
Durante décadas, la TV Pública funcionó como una herramienta para garantizar que el Mundial llegara a todos los rincones del país, especialmente a aquellos sectores que no cuentan con televisión por cable, plataformas digitales o servicios pagos. Con esta decisión, la transmisión queda concentrada en manos privadas, convirtiendo un acontecimiento masivo en un producto condicionado por el mercado.
La medida forma parte del proceso de desmantelamiento de los medios públicos impulsado por la gestión libertaria, que sostiene que el Estado no debe financiar contenidos que pueden ser explotados comercialmente. Desde esa mirada, el fútbol es un negocio y debe operar bajo las reglas de la oferta y la demanda.
Los sindicatos del sector, en cambio, advierten que no se trata solamente de una discusión económica, sino de una definición política sobre el rol del Estado. Señalan que retirar la transmisión gratuita de un Mundial significa resignar una herramienta de acceso popular y profundizar una lógica donde bienes culturales y eventos de interés colectivo quedan restringidos para quienes pueden pagarlos.
Más que una decisión sobre derechos televisivos, el retiro de la TV Pública representa un cambio de época: el Mundial deja de ser una experiencia compartida desde una señal abierta y pasa a convertirse en otro territorio donde el mercado define quién mira y quién queda afuera.



